viernes, 30 de septiembre de 2011

Athletic Bilbao 2 - Paris Saint Germain 0

Me conmueve el País Vasco. Es como una piedra enorme atascada en el tiempo. Amo a los vascos, con su euskera poblado de K y X y ese andar tan punk-ska que tienen, mezcla de tiernos e híper combativos. Son la España que me gusta, con dejos de anarquismo demodé, tan opuesta a la Madrid proto-Franquista, tan Plaza de Toros, tan obtusa y reaccionaria en sus aires de paneuropeísmo. Bilbao tendrá el Guggenheim y el puente de Calatrava, pero en el fondo es Patxarán y pulpo, tipos pelados con rastas y chicas con borceguíes, viejos con boina y un buen juego tradicional de pelota vasca. Me encanta que tengan un equipo enteramente formado de gente de su tierra y que hasta hace poco no tuvieran publicidad, que se resistan a la globalización deportiva y que nunca bajen la guardia. Y me encanta que su nueva entrenador sea Marcelo Bielsa. La mezcla se me hace divina, y me entusiasma.
La temporada no empezó bien para el Loco. Los resultados no lo acompañaron, y el barcó tambaleó. Todos estaban más o menos conformes con la presidencia de Macua y el juego mezquino pero efectivo de Caparrós, que los volvió a colocar en el plano europeo. Cuando Ullua ganó la elección y trajo consigo a Bielsa, las opiniones se encontraron. Yo, personalmente, me emocioné en todo sentido. El análisis minucioso que hizo Marcelo con cada jugador de la plantilla, las perspectivas de equipo que planteó, el reordenamiento táctico y la voluntad de devolver el buen juego al Athletic me devolvió la fe en el fútbol. Por eso cuando empezó su seguidilla de empates y derrotas, la decepción me ganó.
Pero hay un mundo de diferencia, por ahora, entre el Athletic de la Liga y el victorioso Athletic de la Europa League. Ganó el primer cotejo en Bratislava con esfuerzo y trabajo - y una soberbia participación del joven Muniaín - y ahora le tocaba el duro escollo del Paris Saint Germain, nueva base de los petrodólares, nueva apuesta de los jeques por darle poder a clubes perdidos en sus laureles. El nuevo París visitaba Bilbao con la elegancia de Pastore - 45 millones de euros invertidos - y compañía, entre ellos Momo Sissoko, Nené - ex Mallorca - y un buen combinado francés, primero en su liga local.
La noche fue puramente bilbaína. Más allá de lapsos de errores tontos en defensa, cosa que Marcelo deberá seguir trabajando, el Bilbao borró del partido a Pastore y séquito y logró un gran control de pelota de punta a punta. La primer media hora fue un canto al fútbol trabajado, en la mejor línea del Barça. Sí, esos pataduras por los que nadie daba nada mostraron que pueden tener lirismo y fantasía en el toque, velocidad y precisión en toda la cancha. De la mano de Muniaín, gran director de orquesta, Gabilondo mostró pinceladas de magia - marcando un gol antológico luego de bellísima jugada preparada -, Susaesta se mostró veloz, preciso y hábil de cara al desmarque y el gol, De Marcos exhibió un notable estado físico y tino futbolístico y el gigante Llorente, más allá de estar negado al gol, generó todo el peligro a su alcance, superando al experimentado Diego Lugano en la defensa visitante.
Ningún bilbaíno puede decir que con Caparrós se jugaba así. Por primera vez apareció en todo su esplendor el sistema Bielsa, el toque rápido, el desmarque, la rotación con sorpresa, la presión sobre el rival y la recuperación que en dos toques se vuelve ataque. Los muchachos empiezan a entender, y con suerte verán de lo que son capaces. No son la cenicienta de nadie, son vascos, joder, y pueden ser toscos y poetas al mismo tiempo. Mostrarle a la España rica y ostentosa que en el norte también se sabe de cosas bellas sin perder la identidad. Porque Bielsa no les cambió la identidad, tomó la que estaba y potenció otro costado. Bielsa, justamente, entrenador idiosincrático si los hay, gran constructor de sociedad y civilización allí donde va, puja por mostrarlas que hay otra posibiludad a la victimización y la prepotencia física. Que lo diga sino el París, a quién le amonestaron a medio equipo y le echaron a Sissoko, impotente ante la dominación y buen pie del conjunto local.
De la mano de esa primera media hora de ensueño, engalanada por la maravillosa volea de Gabilondo y la certera entrada de Susaeta, mandando a la red el centrazo de Aurtenetxe, el Bilbao cerró un primer tiempo sólido, con autoridad. El segundo tiempo, más después de la expulsión, sobró. Toque, toque, algunos cambios - entraron Ibaí Gómez, Iturraspe y Toquero, de buen aporte ofensivo, por el golpeado Muniaín - y declaración de principios: así podemos jugar si nos lo creemos. De Pastore, velozmente convertido en figura en la capital francesa, ni noticia.
Entonces, a esperar el derby contra la Real Sociedad con ánimo y entusiasmo. ¡Gora Athletic y aupa Bielsa, como dirían allá en el norte español! Y que el fútbol brote de la España limítrofe, no solo de la planicie central, donde otros revolean los billetes y venden la identidad a portugueses codiciosos y faltos de gallardía.

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